Resignación
Anónimo de la dinastía Tang
Un anciano tenía un caballo. Un día el caballo huyó al bosque y sus vecinos, conmovidos, fueron a su casa y le dijeron:
- Hemos venido a apoyarte en este momento difícil. Ahora ya no tienes caballo. ¡Qué mala suerte!
El anciano se limitó a preguntarles:
- ¿Sabéis si lo que ha ocurrido es bueno o es malo?
A la semana siguiente la yegua regresó acompañada de dos sementales y todos en el pueblo festejaron la noticia:
- Ahora con tres caballos eres un hombre rico – le dijeron los vecinos -. ¡Qué suerte tienes!
El anciano preguntó:
- ¿Por qué ustedes creen que esa es una buena noticia?
Ese mismo día su hijo único intento domar a uno de los sementales, pero éste le rompió una pierna.
- Ahora ya no tienes a nadie que te ayude en las tareas domésticas – le dijeron los vecinos -. ¡Qué mala suerte tienes!
- ¿Cómo sabéis si ésa es una mala noticia? – volvió a decir el anciano con una sonrisita socarrona.
Pasado un tiempo los soldados del emperador pasaron por la ciudad alistando a todos los varones primogénitos de cada familia. Sin embargo, dejaron al hijo del granjero por tener la pierna rota.
- Tu hijo es el único primogénito de China que no ha sido separado de su familia. – le dijeron los vecinos -.¡Qué suerte tienes!
- ¿Creéis que debo considerar que eso es bueno? – preguntó una vez más el anciano.
Los soldados volvieron al pueblo poco después, y el emperador y la corte quisieron conocer a este hombre que miraba con tanta arrogancia los acontecimientos de la vida cotidiana.
Antología del Cuento Chino Maravilloso. Recopilación de Rolando Sánchez-Mejías. Barcelona: Editorial Océano, 2002. (p. 158 e 159)